Una hipersensibilización del lenguaje derivada de una excesiva protección emocional ante situaciones complejas puede provocar que, a medio plazo, las personas encuentren más dificultades para hacer frente psicológicamente a momentos duros. Evitar hablar de ciertas realidades, o utilizar eufemismos que disfracen lo que realmente ocurre tras una coraza lingüística, solo supondrá problemas a largo plazo. Porque, en vista de que nada puede hacerse contra la ley de vida, y contra su final como una etapa más de la misma, es preferible contar con un vocabulario práctico para hablar de la muerte sin convertirla en tabú.

Evitar hablar con franqueza sobre la muerte tiene multitud de contraindicaciones. Desde el momento en el que tenemos que hablar de ello con un niño puede empezar una educación emocional que ayude a su desarrollo mental y asimilación de que la vida tiene un final, y que no es sino una etapa más de nuestra existencia.

No se trata de relativizar las situaciones de dolor y tristeza, sino de crear los recursos emocionales necesarios para saber visualizarlas en perspectiva y poder afrontarlas con herramientas psicológicas: así se sentarán las bases de una madurez y una experiencia que podrán ser de gran ayuda durante toda una vida.

Pese a lo que pueda parecer, esa protección emocional y ese lenguaje edulcorado no son ni mucho menos algo reservado para hablar de la muerte con los más pequeños de la casa. Muchas personas de edades más avanzadas se protegen con esos métodos ante el duelo, creando una burbuja a su alrededor que, cuando se pinche, arrastrará consigo mayores complejidades de las que se darían sin llegar a dejar que se formase.

Para evitar llegar a esta situación, desde Grupo ASV Servicios Funerarios optamos por nutrir nuestra mente con un vocabulario práctico que nos ayude a afrontar situaciones de duelo, a evitar convertirlas en un tabú y a poder vivirlas con mayor entereza emocional.

  • Muerte. Es la gran palabra, la que a tantas personas cuesta pronunciar, y sobre la que todo gira. La muerte debe entenderse como el final de la vida, como una etapa más de nuestro camino y como algo natural que no tiene por qué enmascararse, por mucho que pueda causar tristeza. Hacerlo implicará eludir una realidad a la que antes o después hay que hacer frente.
  • Cáncer. Muchos fallecimientos llevan como apellido “tras una larga enfermedad”. Esa muletilla, que suele utilizarse para evitar hablar del cáncer, no hace sino ocultar una realidad que muchas veces termina en la muerte de quien lo padece, y evita poder asimilar el duelo por anticipado durante el transcurso de la enfermedad. Ya sea el cáncer en concreto, u otra patología, ocultar la causa de un deceso o evitar hablar de ello no es lo más recomendable.
  • Llorar. Es algo que puede ser incluso necesario y saludable en procesos de duelo. No es que no convenga ocultarlo ni eludirlo en las conversaciones, sino que hablar abiertamente de ello puede ayudar a muchas personas a tomar las riendas de su proceso de duelo, a ser consciente de en qué punto del camino se encuentra y a compartir con sus seres queridos la situación en la que está. No solo llorar, sino hablar de ello.
  • Echar de menos. Muchas personas evitan reconocer que echan de menos a un familiar o ser querido que ha fallecido. Pero hablar de ello con naturalidad puede ser una buena manera de compartir sentimientos con terceras personas y de verbalizar una emoción que no necesariamente hay que vivir en silencio y mirando solo al interior. Asimilando que echar de menos es sano estaremos más cerca de transformar la tristeza del duelo en una positiva nostalgia con más recuerdos agradables que momentos duros.
  • Tristeza. Es frecuente que, tras la muerte de un ser querido, algunas personas opten por mostrar una imagen de fortaleza y entereza que no se corresponde con sus sentimientos privados. Admitir la tristeza y hablar de ella y de todo lo que supone es un paso más para desatascarnos emocionalmente y saber afrontar mejor las situaciones de complejidad. La vulnerabilidad es solo el paso previo a la fortaleza.

Contar con ciertos recursos emocionales es importante para saber convivir con el duelo, al igual que saber qué palabras conviene no evitar si no queremos crear innecesariamente tabúes. Un vocabulario práctico para hablar de la muerte abiertamente de forma madura es un recurso más para sobrellevar el adiós a un ser querido.

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Vivencias sobre la muerte en la antigua Grecia.

 

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