Aunque en esta época y en este lugar del mundo que habitamos estamos acostumbrados a que dar el último adiós a una persona sea -por norma general- un acto solemne, lleno de costumbres y con un tono y una estética tendentes a la melancolía y hasta la tristeza, en otras etapas de la historia y en lejanas latitudes podemos encontrar ritos funerarios extravagantes que poco o nada tienen que ver con la forma en la que se conciben aquí y ahora. 

Desde pueblos ancestrales hasta los más remotos lugares del mundo, la forma en la que las personas despiden a sus seres queridos tras el fallecimiento describe con bastante elocuencia la cultura colectiva de una sociedad. Por eso, desde Grupo ASV Servicios Funerarios damos un paseo por el tiempo y el espacio para encontrar algunos ritos funerarios extravagantes… en comparación con lo que conocemos.

Ritos funerarios neandertales

Los neandertales fueron los primeros humanos que comenzaron a enterrar a sus muertos. Se cree que hace alrededor de 75.000 años comenzaron a practicar lo que ahora se entiende como los orígenes de los ritos funerarios, no extravagantes pero sí llenos de detalles propios de los enigmas que la muerte planteaba en su momento. Era costumbre, tal y como las excavaciones más recientes constatan, que las personas fueran enterradas en posición fetal, con la cabeza mirando al oeste y, junto a los cuerpos, herramientas que hubieran utilizado en vida e incluso animales.

Las costumbres subsaharianas

Aunque generalizar hablando de costumbres en un ámbito geográfico como África es complicado, ya que hay infinidad de tribus, pueblos y rituales diferentes, sí puede hablarse de una concepción pareja en el territorio subsahariano. En estos pueblos, la muerte se contempla como una transición a otra vida, y la costumbre es ‘alargar’ la presencia del difunto en el mundo todo lo que sea posible: para ello, las personas más cercanas se reúnen, cantan y comen, lo cual les acerca a quien ha fallecido. 

A partir de ahí, dependerá de la religión que cada pueblo o familia profese: en el caso de los católicos, el fallecido se enterraría junto a sus objetos más queridos y valiosos. Cuando se trata de familias musulmanas, solo los hombres acceden al cementerio, y las mujeres se quedan en casa, donde se organiza una pequeña ceremonia en la que se recitan versículos del Corán. Otros credos, como los animistas, convierten estos actos en ritos funerarios extravagantes, incluso llegando a sacrificar animales.

En las antípodas

El pueblo maorí, originarios del Pacífico Sur, basa su adiós en el Marae. El Marae es el lugar donde se da el último adiós a la persona fallecida, y consiste en un espacio específicamente acondicionado y bendecido para ello. Los funerales se entienden como momentos de agradecimiento y paz, y pueden llegar a durar hasta cinco días, en los que se llevan a cabo multitud de pequeños actos como danzas tradicionales, canciones o reuniones sociales.

La milenaria cultura nipona

En Japón, habitualmente, las personas comparten su fe entre el budismo y el sintoísmo, aunque es la religión de Buda la que determina cómo se afronta la muerte. En este caso, es habitual que cuando una persona fallece se pase por el velatorio, la incineración -que no enterramiento- y una reunión de despedida entre las personas más allegadas. Pero, a esas costumbres que podrían ser vistas con normalidad en occidente, se suma el Bon Odori: la fiesta de los difuntos.

El Bon Odori se celebra todos los años entre julio y agosto y es una manera de, mediante danzas tradicionales japonesas, dar la bienvenida a las almas de los ancestros tras su desaparición corpórea. Se organiza en cada ciudad, con tambores taiko y música tradicional, y curiosamente también es una festividad muy conocida en Argentina, donde la comunidad nipona lo celebra durante el verano austral.

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