La perspectiva de perder a un ser querido puede suponer una cuesta arriba emocional para muchas personas. Los procesos de duelo que se inician tras la muerte de alguien cercano se ven condicionados por múltiples factores, y uno de ellos es la forma en la que conocemos o se produce el suceso: no es lo mismo un fallecimiento inesperado que un prolongado proceso de enfermedad que da pie a prepararse mentalmente. Por ello, el duelo inevitable tiene unas características peculiares.

El duelo inevitable, aquel que podemos ver venir durante un periodo de tiempo lo suficientemente prolongado como para interiorizar que antes o después llegará, tiene sus similitudes y sus diferencias con un proceso de duelo corriente. Antes que nada conviene resaltar que, por muchos puntos de encuentro que se den, en ningún caso dos situaciones de duelo pueden compararse, pues este es un proceso estrictamente individual.

Las situaciones emocionalmente negativas que puedan aparecer durante el duelo pueden, en casos en los que la muerte es solo un suceso previsible a corto o medio plazo, anticipar ciertas cuestiones. Vivir el duelo por anticipado, por ejemplo en casos de largas patologías o personas de muy avanzada edad, implica que algunas casuísticas se adelanten.

Emociones como la tristeza, el desconcierto, el desasosiego o el vacío aparecen con frecuencia cuando fallece una persona querida. Pero, si la muerte se ve en un horizonte cercano, puede que ni siquiera sea necesario que llegue para empezar a experimentar todo ello.

Cómo convivir con el duelo inevitable

Aprender a convivir con el duelo puede ser complejo, pero hacerlo con un duelo inevitable que se da por anticipado lo cambia todo. La posibilidad de pasar últimos momentos con nuestra persona querida es un factor fundamental: da pie a que haya despedidas, a que la propia persona que va a fallecer nos ayude (como en el caso de Cards for Brianna) y a convivir con emociones negativas que florezcan. 

Ante el duelo inevitable debemos cuidar a nuestros seres queridos, pero también a nosotros mismos. Es importante comunicar, exteriorizar y no acumular en nuestro interior todo aquello que pensamos, sentimos y experimentamos durante estos momentos finales, que suelen vivirse con especial intensidad. La comunicación es básica, a todos los niveles.

Las personas que vivan el duelo por anticipado no pueden, por ello, descuidarse a sí mismas. Una vida que siga su curso y unas rutinas de descanso apropiadas son necesarias para mantener el equilibrio emocional: ver a nuestro alrededor con lucidez y reducir niveles de estrés, vivir el duelo de forma activa y no dejar que las tareas emocionales que se presentan ante nosotros nos abrumen.

Hablar con quien va a irse (si es posible), con otras personas queridas o con ayuda experta es fundamental. La comunicación emocional debe ser elocuente y fluida, rica en matices que ayuden a comprender y cargada de de detalles. Porque prepararse para un duelo inevitable es muy complicado, pero poder contar con un tiempo para hacerlo puede ayudarnos a vivirlo mejor.

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