Muchos de los que ahora somos adultos y nacimos antes de los 80, asistimos de niños a la muerte de un ser querido de forma directa y participando de todos los ritos funerarios.  Hasta hace pocas décadas las personas morían en casa y los niños participaban de los velatorios sin restricciones. La tendencia a “sobreprotegerlos” de la muerte y alejarles de las diferentes manifestaciones que rodean a la pérdida de un familiar es relativamente reciente. Hoy la muerte ha quedado apartada a los hospitales y el velatorio a los tanatorios, y esto hace que muchos padres o tutores de menores se cuestionen el dilema de si es conveniente o no que los niños participen de los ritos del funeral, con la idea de evitar que los pequeños pasen por una experiencia traumática y estresante. 

Dejar fuera de los ritos funerarios a un menor, para protegerle o apartarle del sufrimiento es un error, según la opinión de los expertos en psicología evolutiva y en procesos de duelo, de psicoterapia y de educación. De forma unánime abogan por la participación de los niños en los rituales de despedida de un ser querido de su familia, e incluso advierten, que de no hacerlo puede repercutir negativamente en su desarrollo emocional.

No hay que olvidar que, pese a su inocencia y la inmadurez propia de cada edad, a los niños nunca debemos ocultarles la realidad por dura que pueda resultarles. Es importante no aislarles de todo lo que un fallecimiento implica para protegerles emocionalmente, porque por el contrario, podemos dificultar precisamente un buena gestión de dichas emociones. 

No hay nada peor de la incertidumbre, que el presentir el dolor y la angustia en los mayores y no saber qué está pasando o va a pasar a su alrededor. Es entonces cuando ante el desconocimiento empiezan a imaginar situaciones que incluso les pueden provocar mayor angustia que el conocer la realidad. Situaciones como la visita al tanatorio o un funeral no son agradables para nadie, y menos para un niño, pero pasar por ahí le hará comprender lo que está sucediendo y podrá asumirlo de una forma más saludable.Del mismo modo que los adultos, los niños necesitan de rituales para poder atravesar por los procesos de duelo, con la diferencia de que hay que prepararles para lo que van a vivir en el tanatorio o los diferentes ritos del funeral. Aunque hablar con  los niños sobre la muerte de un ser querido es un momento muy duro de afrontar, es necesario hacerlo de forma serena y clara llegada la situación.

¿Debo de llevar a mi hijo al tanatorio?

La mejor decisión dependerá siempre de la edad y la madurez del niño. Lo que sí es importante es el hecho de implicarle en tomar por sí mismo la decisión.  Que sea al propio niño el que decida si quiere o no participar en la despedida de su ser querido, hará que se sienta arropado dentro de su núcleo familiar y se sentirá valorado al saber que su dolor y sus sentimientos también son importantes y tenidos en cuenta.

Este tipo de decisiones se deben de tomar siempre en el seno del núcleo familiar entre padres o tutores y los menores, sin tener en cuenta opiniones o los posibles comentarios ajenos.

¿Cómo preparar a los menores para asistir a un entierro?

Es importante informar al niño de todo lo que va a acontecer de una manera clara y directa para que pueda decidir si quiere acompañarnos:

  • Qué se va a encontrar a su llegada al tanatorio: cómo será sala, a qué gente verá, cómo procederemos a nuestra llegada.
  • Detallar cómo será el rito funerario al que va a asistir.
  • Anticiparle los tipos de conversaciones que oirá y que las muestras de dolor que verá son normales en estas situaciones.
  • Le animaremos a que exprese sus emociones en todo momento.
  • Evitaremos dejarle solo.
  • Responderemos a todas sus preguntas de forma clara.

Si una vez conocidos los detalles, el niño decide que quiere acompañarnos en la despedida, debemos responder a las posibles dudas y preguntas que nos plantee una vez estemos allí. Estaremos pendientes a las emociones que expresa a lo largo del funeral, le daremos las explicaciones oportunas ante determinadas muestras de dolor de los adultos, y estaremos atentos para saber cuándo es el mejor momento para que se retire.

Si decide no acompañarnos o cambia de opinión durante la celebración, respetaremos su decisión.

Con todo, a partir de los 6 años aproximadamente, es cuando los niños comienzan a manifestar la voluntad de asistir a los actos de despedida. Estas situaciones, explicadas con calma y suavidad, son comprensibles para ellos y positivas para su duelo y desarrollo emocional:

  • Les ayuda a sobrellevar mejor el duelo y la aceptación de la pérdida del ser querido.
  • Les ayuda a sentirse arropados psicológicamente.
  • Consiguen comprender mejor por sí mismos la situación.
  • Les permite exteriorizar sus sentimientos favoreciendo la gestión de las emociones.

Te recordamos que en Grupo ASV Servicios Funerarios, disponemos de una guía con consejos para que los padres puedan explicar a sus hijos estas situaciones la cual se puede descargar gratuitamente.


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