El duelo es un camino de transcurso algo impredecible. La complejidad que supone lograr empatizar con esa situación antes de que llegue radica en lo difícil que resulta imaginar la perspectiva de una vida sin alguien que siempre ha estado ahí: sencillamente, no podemos saber cómo vamos a reaccionar hasta que ocurra. Por ello, vivir el proceso de duelo puede ser una situación novedosa para muchas personas, con emociones nunca antes vividas y con una intensidad compleja de describir para quien no la ha sentido en su interior. Incluso, por mucho tiempo que pase, es probable estancarse en el duelo.

Por mucho que caminemos junto a una persona a lo largo de una enfermedad, que el fallecimiento sea algo que tenemos asumido, cualquier sentimiento que aflore en esa etapa será distinto a lo que experimentaremos a partir del momento de decir adiós. En ese momento será cuando empiece realmente el duelo: con sus etapas, sus sentimientos inherentes y las vivencias que aparecen por el camino.

Esas fases pueden suponer malos momentos, situaciones de desesperanza, tristeza o rabia. Aunque cada persona las vive de una manera completamente subjetiva e individual, sí suelen darse unos patrones que más o menos pueden ayudar a saber en qué punto nos encontramos. Pero, ante la complejidad emocional que implica perder un ser querido, la posibilidad de perpetuar la sensación de duelo, de no avanzar psicológicamente y de convertir ese cúmulo de sensaciones en algo estructural es una posibilidad de lo más real.

Estancarse en el duelo es algo que cada persona que lo vive en primera persona siente que puede ocurrir. Precisamente una de las fases más recurrentes en los procesos de duelo es la de desesperanza: es frecuente que ante esa situación tan complicada haya personas que por momentos puedan pensar que no lograrán superarla. Pero, aunque eventualmente sí lo hagan, habrá quien se quede por el camino.

Prevención emocional

Como en tantas otras situaciones de la vida, en el duelo es mejor la prevención que la cura. Estancarse en el duelo no es algo que ocurra de la noche a la mañana, sino que también tiene su propio proceso. Para evitar caer en él, y convertir la pérdida de un ser querido en un círculo vicioso de sentimientos negativos, primero debemos prevenirnos emocionalmente llevando el duelo de la mejor manera posible.

Partiendo de la base de que esa mejor manera posible será distinta en cada persona, algunos consejos universales como exteriorizar nuestros sentimientos o rodearnos de personas de confianza con las que podamos sentir cercanía y comprensión son un buen punto de partida. No debemos convertir a la persona fallecida en un tema tabú, pues podría favorecer que esa sensación de forzarnos a no hablar de ello se enquiste: de hecho, la transformación de la pena en energía positiva y recuerdos afectuosos es una de las mejores señales que podemos sentir en el duelo.

Estancarse en el duelo es una situación que debe abordarse de manera frontal. Perpetuar esas sensaciones impide a las personas avanzar, proseguir con sus vidas, por lo que es preferible tomar las riendas y actuar de raíz. Eso no implica obcecarse a la primera de cambio, pues el propio duelo también necesita un plazo natural para avanzar, sino darse cuenta de a partir de qué punto puede resultar preocupante o problemático.

Cuando llegue ese momento, probablemente lo más conveniente sea buscar ayuda experta. Si hemos tratado de superar el duelo de una forma adulta e inteligente, con madurez, con verbalización de los sentimientos y con personas alrededor que podían ayudarnos, pero todavía perdura la sensación por mucho tiempo que pase, la colaboración de una persona de fuera de nuestro círculo, y que además pueda aportar cierta perspectiva y conocimientos especializados, puede ser la receta para salir del atolladero.

Vivir un proceso de duelo es algo lleno de intangibles, de subjetividades, matices y en constante evolución: no habrá mayor señal de estancamiento que la sensación de monotonía y linealidad emocional. Poner nombre a cada sentimiento puede ser complicado, pero nos ayudará a avanzar. Estancarse en el duelo no es bueno para nadie.

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