Cuando perdemos a un ser querido, el proceso de duelo es profundamente personal y único, ya que va a depender no solo de la persona sino del momento en que se encuentre, de los lazos que le unían al fallecido y de muchos otros factores que varían en cada uno de los casos.
Existen diferentes fases del duelo que podemos experimentar, también de manera distinta en cada uno, y la ayuda en este proceso, si bien no tiene una respuesta única, sí dispone de los componentes comunes del respeto, el amor, la comprensión y la motivación no de olvidar a la persona que se ha ido, sino de vivir sin el dolor que supone haberla perdido, conservando su recuerdo y recordando todos los momentos compartidos.

Yoga y duelo: un camino hacia la paz

Para alcanzar este objetivo, cada persona debe buscar su camino, no hay una guía o una línea específica que seguir. Entre las diferentes prácticas que podemos realizar para sentirnos emocionalmente en paz, se encuentran actividades como el yoga, que puede ayudarnos a deshacer la tensión de nuestro cuerpo, integrar la experiencia de la pérdida y ayudar a conectarnos con nuestras emociones y sentimientos propios.

El yoga es una meditación guiada donde combinamos la actividad física con la respiración y la conexión entre nuestra mente y nuestro cuerpo con el objetivo de vivir el presente desde la consciencia plena. Esa consciencia nos puede ayudar a observar y entender nuestras emociones, respetarnos y relajar cuerpo y mente para encontrar nuestro camino hacia la paz.

Las posturas del yoga, conjuntamente con la respiración, podrán ayudar a reducir el estrés, a calmar la mente. Al fomentar la concentración en la realización de la práctica, se conecta con el presente, dejando a un lado pensamientos recurrentes que se repiten una y otra vez en nuestra cabeza y pueden provocar un estado mental de bloqueo.

Tipos de yoga y sus elementos comunes

Hay muchos tipos diferentes de yoga, que dependerán de la dinámica que se siga durante la práctica. Independientemente de la tipología, todas ellas tienen en común tres factores:

Las posturas: las posturas o asanas son la parte más visible del yoga. Se trata de movimientos que conjugan la flexibilidad, el equilibrio y la fuerza. Durante la práctica, cada persona establece su límite en función de las características de su cuerpo y el momento en el que se encuentre.

La respiración. La forma de respirar en yoga es una parte fundamental de la disciplina. Se denomina pranayama, ya que se trata un conjunto de técnicas de control de la respiración, que se realizan de manera conjunta con los movimientos y los complementa.

La meditación. De alguna manera, toda la práctica del yoga es una meditación, en cuanto estamos viviendo el presente y tratamos de conectar con nosotros mismos a través de las posturas y la respiración. Adicionalmente, una clase de yoga suele terminar con una meditación, guiada o no, en la que nuestro cuerpo se detiene de los movimientos y donde se invita a la conexión con nuestro interior.  

El yoga se puede practicar en casa, a nuestro propio ritmo y siguiendo la inmensa información que existe para ello. Para asegurarnos una correcta realización de los movimientos y tener una persona que nos apoye en el conocimiento de los mismos y en la respiración, quizá una clase en grupo pueda ser la alternativa, de manera que permita dejarse guiar y dedicarse solo a concentrarse en uno mismo.

Según diversos estudios, prácticas como el yoga o la meditación son beneficiosas para reducir los estados de tensión e ir encontrando la estabilidad, no reprimiendo las emociones negativas, sino viviéndolas desde la aceptación, una visión esencial en nuestro proceso de elaboración de duelo.

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