Los procesos de duelo, aunque cada persona los vive de una forma individual de la que no pueden extrapolarse conclusiones más allá de su propio caso personal, suelen ser inherentes a una fase de desasosiego, tristeza o complicaciones emocionales. Durante esta etapa la persona que vive el proceso de duelo busca las herramientas para asimilar la pérdida, en primer lugar, y aprender a seguir adelante sin contar con la presencia del ser querido que hemos perdido. Pero, además, el fallecimiento de una persona cercana puede provocar daños colaterales. Duelo y relaciones personales tienen una relación muy estrecha.

Ante la pérdida de un ser querido y el inicio de un proceso de duelo, es importante destacar que cada persona lo vive, gestiona y manifiesta de una forma diferente, personal e intransferible. De ahí que los daños colaterales que pueda provocar el duelo dependan no solo de cómo lo interiorice en primera persona quien ha perdido a un ser querido, sino la forma en la que terceras personas, próximas a ella, gestionan este momento.

El camino del duelo, como hemos comentado en Apoyo al Duelo en diversas ocasiones, es preferible recorrerlo en compañía: una relación madura, basada en la comprensión y el respeto de los momentos, es el pilar perfecto sobre el que apoyarse ante los vaivenes emocionales. De ahí que, cuando una persona pierde a un ser querido, inconscientemente requiera que aquellas personas de su círculo más íntimo den un paso al frente para cogerle la mano y ayudarle a pasar por una fase que puede traer consigo tristeza y desesperanza.

Que el duelo pueda afectar a las relaciones personales dependerá sobre todo de cómo desarrollen su papel los actores secundarios de esta historia. Las parejas, amistades y familiares tienen en sus manos el poder de ayudar a alguien a quien quieren en un momento complicado, pero una gestión forzada de este momento puede llegar a afectar a sus relaciones personales e, incluso, distanciarles de alguien a quien quieren.

La principal cuestión en estos casos es el respeto a los tiempos. Que el duelo se vive de forma personal no es un simple tópico, sino algo que debe ser tenido en cuenta por quienes traten de ayudar a quien vive este momento. La paciencia debe ser una norma: no tratar de forzar buenos momentos, no cansarse de la tristeza, no hartarse de conversaciones monotemáticas, no tomarse como algo personal que alguien no sienta ganas de salir a divertirse… Ciertos aspectos que, fríamente, deben formar parte de ese acompañamiento y empatía pero que, en el día a día y con el avance del tiempo, pueden olvidarse.

La inmadurez, el distanciamiento inesperado, la falta de empatía y escucha o la creación de situaciones forzadas pueden hacer que el duelo sea el punto de partida para que dos personas que hasta ese momento estaban muy unidas encuentren una muesca en su relación. Una muesca que puede evitarse con algo tan sencillo, y a la vez tan complicado, como la empatía.

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