Aprender a convivir con el duelo es un proceso en el que es necesario trabajar a lo largo de distintas tareas que permitan a quien ha perdido a un ser querido avanzar. Esta fase emocional, que puede llegar a ser psicológicamente compleja, adquiere unos tintes especialmente delicados cuando quien lo vive en primera persona todavía no dispone en su interior de todas las herramientas para hacerlo por sí mismo. Es el caso del tratamiento con los niños y, por supuesto, del duelo en la adolescencia.

La adolescencia tiene unas características muy específicas que hacen que no solo la gestión del duelo, sino incluso las relaciones personales y la comunicación puedan ser complicadas. Entre los 13 y los 18 años se experimenta un sinfín de cambios físicos y emocionales que hacen que sea una etapa sensible a muchos niveles, y sufrir una pérdida durante esa etapa puede incluso agravarlo.

Es posible que los niños todavía no tengan claros los conceptos de la vida y la muerte, pero conforme se crece físicamente también hay una evolución en la comprensión del alcance e implicaciones de un fallecimiento. Lo que no implica un entendimiento completo. Al tratar el duelo en la adolescencia, es importante pensar que, aunque a esa edad muchos jóvenes puedan expresarse, interactuar o hacer cosas como adultos, todavía no lo son.

El duelo en la adolescencia es una cuestión en la que se cruzan distintas percepciones: por un lado, la relativización de algo que, aunque se sepa real, se ve todavía muy lejano; por otra parte, esa dificultad para exteriorizar sentimientos que acompaña a muchas personas en esa franja de edad.

A la hora de trabajar el duelo en la adolescencia, ese déficit comunicativo puede ser una de las grandes trabas en el proceso de aprendizaje. Es importante saber conjugar una comunicación activa con el adolescente con un papel pedagógico y, sobre todo, saber respetar tiempos, espacios y momentos personales para que pueda, también, convivir con el duelo de forma individual y privada.

Para ayudar a los jóvenes adolescentes durante sus procesos de duelo hay, en primer lugar, que tener en cuenta cómo podemos hacerlo sin interferir en su proceso de aprendizaje ni espacio personal. Algunos de los consejos principales serían los siguientes:

  • Entender con un elevado grado de empatía todo lo que pasa por los cerebros de esa edad: las inseguridades, las dudas o la falta de perspectiva, entre otras cosas.
  • Comprender que el aislamiento y la incomprensión son frecuentes en esta etapa, y asumir como adultos que no debemos dejar que los adolescentes gestionen el duelo de manera independiente..
  • Paciencia, mucha paciencia. Es importante también saber que puede ser complejo y prolongado: no se aprende a convivir con el duelo de la noche a la mañana.
  • Pedagogía. Los adolescentes, aunque traten de aparentarlo en ocasiones, no son adultos. Hay que explicarles la realidad de una manera comprensible y cercana, ayudándoles a discernir los distintos conceptos y emociones que se viven durante esta etapa.
  • Proximidad. Siempre respetando sus tiempos y espacios personales, pero también sabiendo que hay que estar cerca, ya que probablemente ellos no pidan nunca ayuda.

Con estos consejos elaboraremos la receta para ayudar a convivir con el duelo en la adolescencia: una etapa de cambios físicos y emocionales en la que quizá sea demasiado pronto para afrontar la pérdida de un ser querido de forma individual.

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