El Día Mundial de la Sonrisa es una celebración internacional en la que, de forma simbólica, se ensalza lo positivo durante 24 horas en las que lo más importante es buscar el lado bueno de las cosas y, al menos temporalmente, dejar de lado aquello que nos aflige. Asociar esta efemérides con un proceso como el duelo puede resultar complejo por la mezcla de emociones que se produce, pero también se trata de una buena oportunidad.

Antes de pensar en convertir el duelo en sonrisas de forma permanente es importante asumir la realidad de estos procesos: aunque se vive de manera individual y particular en cada caso, es un momento emocionalmente complejo en la vida de una persona. Perder a un ser querido, alguna persona realmente cercana y cuyo vacío sea insustituible, no es el punto de partida idóneo para pensar en un día de celebración lleno de sonrisas y positividad.

En este sentido, es importante no solo el autoconvencimiento, la determinación personal y la fortaleza mental, sino la ayuda que podamos recibir del exterior. Independientemente de si buscamos, o precisamos, una ayuda profesional, el hecho de poder recorrer el camino del duelo de la mano de otras personas que muestren su empatía, comprensión y proximidad es una gran ayuda para, llegado el momento, poner el foco en esa alegre nostalgia más que en el dolor que pueda haber supuesto la pérdida.

Recuperar la sonrisa tras el duelo

Sin caer en frivolidades ni apresurarse más de la cuenta, lo que podría ser contraproducente durante un proceso de duelo, recuperar progresivamente la sonrisa es un avance natural a través de las etapas preconcebidas que, con motivo del Día Mundial de la Sonrisa, puede suponer una entrañable coincidencia.

Para recuperar la sonrisa tras el duelo, la memoria es uno de los aliados más potentes. Unirse a personas en común con quien ya no está es una buena manera de hacer de los recuerdos un vehículo de felicidad: rememorar anécdotas, ver fotos antiguas, pasar vídeos de vacaciones pasadas, releer antiguas cartas… Un sinfín de momentos juntos son la mejor manera de, pese al desasosiego que pueda sentirse, poner el énfasis en la unión que existía y existe más que en la separación.

Una buena forma de convertir esa tristeza en sentimientos más positivos es el humor. Bromear sobre todo, relativizar lo trágico, es una forma de dejar de lado las fases más oscuras del duelo y avanzar en una recuperación emocional que, por qué no, puede estar marcada por las sonrisas. Para ello, antes de las bromas, es básico haber dado otro paso: abrirse, hablar abiertamente de la pérdida y todas las emociones que supone, sin obviar lo malo, para poder valorar en su justa medida los avances cuando llegue el equilibrio.

El Día Mundial de la Sonrisa, para quien atraviesa un proceso de duelo, es una oportunidad. Una excusa como cualquier otra para tomar impulso, dar un paso al frente y tomar las riendas de nuestras emociones en primera persona, sin dejar de ser conscientes de nuestros límites, rodeados de buena compañía y, en la medida de lo posible, saliendo del atolladero con una sonrisa por delante.

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