Perder a un ser querido es una realidad a la que es inevitable tener que enfrentarse a lo largo de la vida. Amigos, familiares, compañeros de trabajo… El avance del tiempo y las posibles desgracias hacen que antes o después haya que aprender a gestionar todas las emociones y sentimientos que trae consigo el deceso de una persona cercana. Pero esta situación, ya de por sí compleja para adultos con mentes formadas y maduras, es especialmente sensible cuando quien sufre el duelo es un niño. Por eso, aunque no hay una fórmula mágica, podemos plantearnos cómo hacer que un niño supere el duelo.

En primer lugar, hay que partir de una premisa fundamental a la hora de tratar el duelo con los niños: siempre debe decirse la verdad. Aunque parezca una obviedad, muchos padres bienintencionados optan por maquillar con mentiras la realidad para dulcificarla y que los niños no la sufran, pero a largo plazo es peor.

Aunque los niños difícilmente pueden entender el significado y alcance de la muerte, conviene al hablar con ellos hacerlo con delicadeza, pero siendo francos y sinceros. Puede ayudar en esta etapa hacer referencias a la presencia de la muerte en ámbitos que a los pequeños de la casa les sean más familiares: mascotas que hayan fallecido previamente, películas o libros que hayan leído pueden ser un buen punto de partida.

Además de recurrir a referencias y materiales externos, como algunos de los que Grupo ASV Servicios Funerarios ya pone a disposición de las familias que se vean en esta situación, la didáctica por parte de padres, madres o personas a cargo de menores es fundamental para que los niños vivan el proceso de duelo con unas guías claras: deben comprender lo que ha ocurrido, saber que no tienen culpa alguna y aprender a gestionar sus emociones para superar el duelo.

¿Cómo hablar con los niños tras una muerte?

Los niños, al encontrarse en plena evolución de su proceso madurativo personal, no viven el duelo de la misma forma y a través de las mismas etapas que las personas adultas. Es posible que las fases del duelo sean iguales, pero con picos de intensidad y duraciones diferentes: el shock inicial puede tener más que ver con la ignorancia que con la incredulidad; la negación se asemejaría más a la de una persona adulta; la fase de desesperanza vendría unida a una desorientación y tristeza que probablemente en edades tempranas sean emociones nunca antes vividas; la aceptación, en última instancia, sería un paso adelante en la madurez del niño.

Uno de los problemas más tradicionales a la hora de gestionar el duelo con niños llega a la hora de darles la noticia. Aunque debe primar la sensibilidad a la hora de transmitir la muerte de un ser querido, acudir a lugares comunes como “se ha ido” puede ser más confuso que aclaratorio. Con la sinceridad por delante, asumiendo que será un trámite complicado para todas las partes, edulcorar la realidad puede ser contraproducente. Es difícil saber cómo hacer que un niño supere el duelo, pero hay que saber que es una etapa sensible para ellos, aunque como toda vivencia a priori negativa puede traer consigo lecciones útiles de cara al futuro.

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