La felicidad es una decisión que debemos abordar todos los días

— Andrés Corson

El Valle de los Caídos: el paradigma español del culto a los ausentes

valle de los caidosLa muerte como idea arquitectónica tiene miles de ejemplos a lo largo y ancho del mundo. Las pirámides de Egipto, la Cripta Imperial de Viena o el Taj Mahal son algunos de los más reconocibles y característicos, pero también hay otros con un marcado cariz político y que, además de ser reflejo y testimonio de una etapa concreta de la trayectoria de un país, son también hoy en día parte de su historia. Es el caso, en España, del Valle de los Caídos.

Este complejo, construido a pocos kilómetros al noroeste de Madrid, en el municipio de San Lorenzo de El Escorial, estuvo cerca de dos décadas en construcción hasta que finalmente fue inaugurado. La primera piedra se colocó a finales de 1939, pocos meses después del final de la Guerra Civil, y no fue hasta 1958 que se terminó la construcción. El Valle de los Caídos, con su característica cruz gigantesca coronando el monte en el que se ubica, es claramente visible desde la carretera a varios kilómetros de distancia gracias a sus 150 metros de altura.

Pese a que más de 30.000 combatienes del conflicto bélico español están allí enterrados, este conjunto monumental es más conocido por guardar los restos de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, y de Francisco Franco, que fue enterrado allí tras su muerte en 1975.

De culto a una época a visita turística

El Valle de los Caídos ha sido el símbolo de la dictadura franquista durante décadas: fue Franco quien ordenó su construcción y allí descansa su cuerpo desde su fallecimiento. A pesar de ello, cada vez son más los visitantes que acuden hasta allí de la misma forma que muchos turistas acuden a lugares como el mausoleo de Mao: con un interés más histórico y cultural que ideológico.

Hoy en día, el Valle de los Caídos recibe la visita de cerca de medio millón de personas al año, lo que supone además unos ingresos de cerca de dos millones de euros para las arcas del estado. La espiritualidad de su basílica como lugar de oración, el coro de su Escolanía, sus instalaciones educativas e incluso la hospedería que se encuentra dentro del conjunto monumental permiten acudir hasta el Valle de los Caídos a descubrir distintos rincones y conocer, más allá de secundarla o no, la historia que esconde.

Este inmenso monumento al recuerdo de una época y un conflicto ha sido objeto de debate durante años. Independientemente de su posible carga ideológica o divulgativa, su abadía, sus galerías porticadas y su entorno natural hacen del Valle de los Caídos un lugar frecuentado por muchos amantes de la historia, turistas internacionales y curiosos completamente ajenos a su asociación política.

Aun así, el Valle sigue siendo un lugar de peregrinaje y reunión para muchos nostálgicos de la época franquista, aunque su uso por parte de los acólitos del nacionalcatolicismo se diluye con el avance del tiempo entre un mar de turistas y olvido. Es sin duda uno de los principales ejemplos de la muerte como idea arquitectónica en España, sumado a otros elementos de culto como la política, tal y como en otros puntos del mundo, que atestiguan aquello que un día estuvo presente en los distintos territorios.