La felicidad es una decisión que debemos abordar todos los días

— Andrés Corson

La muerte como idea arquitectónica: las pirámides de Egipto

Las pirámides de Egipto son una de las principales representaciones del honor a los difuntos.
El deceso de los miembros de una comunidad y las reacciones que provoca son uno de los más profundos y apasionantes objetos de estudio de epistemólogos de todo el mundo. Una de las más espectaculares (por riqueza de matices, significados, misterios y materialización) ideas surgidas a partir de la muerte son los templos, mausoleos y creaciones arquitectónicas. Y, de entre todas ellas, destacan las que todavía hoy siguen siendo en muchos aspectos un enigma: las pirámides de Egipto. La muerte como idea arquitectónica siempre ha dado pie a construcciones dignas de ser recordadas, pero posiblemente ninguna haya alcanzado la magnitud histórica de las egipcias.

Alrededor del año 2.700 antes de Cristo, las pirámides de Egipto comenzaron a forjarse como tal: las llamadas mastabas (tumbas egipcias ancestrales con base rectangular) fueron convirtiéndose en las construcciones que conocemos hoy en día. Escalonadas, con varias caras de forma triangular unidas todas ellas en un pico central.

Esa forma y, sobre todo, el hecho de que la superficie puediese verse como una gran escalera que se dirige al cielo, es la fuente de una de las principales leyendas al respecto: las pirámides son construcciones creadas para guardar eternamente la esencia de los faraones fallecidos, que descansarán eternamente en estas construcciones tan singulares como hermosas.

La de las pirámides egipcias es, además de una idea arquitectónica surgida del deceso, una de las principales fuentes de rituales y creencias de un pueblo respecto a la muerte y lo que ocurre tras su llegada. Al contrario que en otras culturas y civilizaciones, en las que la muerte se percibe como un elemento más de la propia vida (tal y como ocurre en México) y no como un suceso trágico a lamentar, los habitantes del antiguo Egipto sí mostraban un gran pesar por los fallecimientos.

La liturgia de los egipcios para con sus caídos de más alto rango, los reyes, incluye toda una serie de ritos observados milenios después como referencia cultural de todo el país. Para paliar la desgracia que cada muerte suponía, los egipcios se embarcaban en una serie de hábitos cuyo fin no era otro que el de mantener el cuerpo intacto. Del correcto desarrollo de todos estos actos dependía la inmortalidad de la persona fallecida para el resto de los tiempos, que partía de la base de que el ka (fuerza vital) pudiese habitar en su cuerpo, para lo que debía estar lo más inalterado posible.

Las momias como avance tecnológico

Uno de los principales pasos en esta retahíla costumbrista del antiguo Egipto era la que todavía hoy da pie a lugares comunes, disfraces o caricaturas: la momificación. Convertir los cuerpos en momias ayudaba enormemente a su mantenimiento. Posteriormente, el cuerpo debía sumergirse en natrón durante algo más de un mes, lo que ayudaba a su conservación, pues lo deshidrataba para prevenirlo contra el ataque de las bacterias.

El paso a la vida eterna solo podía lograrse a través de una metódica cadena de rituales que los habitantes del antiguo Egipto seguían paso a paso. El ka, un concepto equivalente a lo que hoy sería el alma, se podía mantener en los cuerpos aún sin vida, pero necesitaba tantos cuidados como si la persona no hubiese fallecido: las tumbas, esos inmensos sarcófagos, albergaban junto a las momias herramientas de trabajo distintos elementos de entretenimiento.

El cuerpo, aún momificado, no podía pasar al más allá. Tan solo el ka y el ba (personalidad), conceptos etéreos interiores, eran susceptibles de recorrer ese camino hacia el mundo inmaterial, donde unidos se convertirían en akh, el espíritu eterno del difunto que sobreviviría a la degradación material y al paso de los siglos.

La Gran Esfinge de Guiza es uno de los monumentos más reconocibles de las pirámides de Egipto

La momificación total se realizaba con tiras de lino, entre las que se colocaban amuletos, con resina de por medio para una mayor adherencia. Posteriormente, se procedía al ritual de apertura de boca, lo que significaba que la momia pudiese respirar y comunicarse oralmente en su otra vida. El enterramiento se hacía en un sarcófago lleno de objetos que, a modo de un ajuar para los muertos, el difunto necesitaría en su viaje: literatura, figuras con distintas representaciones, joyería, comida, utensilios de higiene, amuletos, etcétersa. La maleta con la que recorrer el camino que tenían por delante.

Las pirámides de Egipto: cuestión de posibilidades

Por desgracia para los más creyentes, no todos los habitantes egipcios podían permitirse pagar a un momificador. Tan solo nobles y personas pudientes recurrían a estos ritos, y únicamente los reyes pasaban al más allá en las monumentales pirámides. Éstas, originalmente, fueron concebidas como los lugares donde el nombre de los grandes reyes perduraría en el tiempo, donde se preservaría su ka y que ejercerían como contenedores de su esencia.

Una de las pirámides de Egipto más conocidas de entre todas las que hay repartidas por la geografía del país africano es la Gran Pirámide de Guiza, ordenada construir por el faraón Keops, y que es considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Es la máxima representación de este concepto arquitectónico basado en el viaje al más allá: una finalidad que historiadores y egiptólogos siguen considerando un misterio, en una inmensa estructura cuyas técnicas de construcción exactas se desconocen y un aura de superstición, creencias y mitología de la que se sabe tanto como se ignora.

La forma en la que se procedió a la construcción de las pirámides de Egipto es uno de los grandes interrogantes que sobrevuelan su leyenda. Cómo un pueblo fue capaz de levantar semejantes estructuras, con bloques de piedra inmensos de alrededor de dos toneladas de peso, sin la ayuda de la maquinaria actual, sigue siendo un misterio en el que ni los especialistas en el estudio de la historia ni quienes más saben de las técnicas de construcción se ponen de acuerdo.

Al respecto, todas las hipótesis posibles: desde el uso de trineos, documentado en algunas pinturas de la época, hasta rampas o cilindros de madera. Un universo lleno de incógnitas, significados alternativos y misticismo cuya única certeza es la inmensidad de unas construcciones cuya única finalidad constatada era la de servir como estación de partida en el viaje hacia la vida eterna.