La felicidad es una decisión que debemos abordar todos los días

— Andrés Corson

Palabras para el duelo: qué decir y cómo

Palabras para el duelo

La pérdida de un ser querido supone un suceso traumático en el transcurso de la vida de cualquier persona. El duelo que provoca el fallecimiento de una persona cercana puede generar una desazón que derive en que ni la más sensata, madura o equilibrada persona adulta encuentre las palabras para el duelo que sean adecuadas y sirvan a quien lo está padeciendo.

Los psicólogos expertos en ayudar a quienes están afectados por el duelo suelen recibir la misma pregunta formulada de mil maneras diferentes: ¿Qué decirle a un familiar o amigo que ha perdido a un ser querido? ¿Cómo actuar para poder ayudarle?

En ocasiones, la cercanía de una persona que está en fase de duelo unida a la angustia de no encontrar las palabras adecuadas pueden llevarnos a recurrir a tópicos. Frases hechas que, pese a que son uno de los recursos más empleados para estas situaciones, no aportan nada y se consideran incorrectas por parte de los expertos.

“El tiempo lo cura todo”. “Tienes que ser fuerte”. “Hay que pasar página”. “Ahora tienes que pensar en tu hijo”. “Desde este momento tienes que ser tú el cabeza de familia”. Frases que se escuchan una y mil veces en tanatorios o sepelios pero que lo único que tienen en común es lo poco que ayudan a una persona dolida por el fallecimiento de alguien cercano.

El dolor que produce un deceso crea una situación complicada en la que una palabra equivocada, por buenas que sean sus intenciones, puede hacer más grande una herida ya abierta, y dirigir el duelo hacia un camino que no es el adecuado.

Entonces, ¿qué decir?

Ante la evidencia de que las frases más socorridas son también las menos idóneas para un momento así, el principal problema pasa a ser encontrar las palabras adecuadas. Pero, pese a que el manual de tópicos quede cerrado, sigue habiendo opciones buenas, que servirán para reconfortar a la persona que padece el duelo y hablarán bien de quien las escoja para un momento así de delicado.

La única máxima que hay que seguir es la empatía. Ponerse en el lugar de la otra persona, comprender su situación y pensar qué querríamos (o no) escuchar en un momento así. No hay una receta mágica, una frase que haga que todo se olvide, pero hacer ver a quien está pasando por una etapa dolorosa de su vida que mostramos entendimiento, cercanía y comprensión de su duelo servirá de más ayuda que cualquier frase enlatada.

“No tengo palabras para expresarte lo que siento”, “no puedo ni imaginar lo terrible que puede ser esto para ti”, “he pensado en ti todo este tiempo”, “me gustaría que contaras conmigo para lo que quieras”, y otras con mensajes similares, muestran una gran empatía, una proximidad que no pone sobre la persona afectada una mayor presión y un respeto por el duelo acorde con las circunstancias.

Pero, si cada palabra cuenta, cada gesto es igual de importante que aquello que decimos. El lenguaje no verbal es una manera igualmente válida de expresar nuestros respetos. Desde un silencio cómplice y respetuoso hasta una mano en el hombro o, directamente, un abrazo genuino, apretado y sentido, pueden ser la mejor forma de expresar todo lo que queremos y lo que la situación precisa sin tener que recurrir a palabras.

La cercanía como consuelo ante una pérdida

La más sincera y acertada forma de mostrar respeto por el duelo de una persona es la cercanía. Siempre respetando un espacio personal en el que poder equilibrar las emociones de forma interna, pero con una proximidad que dé a entender que el acompañamiento no es una mera presencia física, sino una solidaridad emocional verdadera.

El contacto físico es importante. La calidez personal puede ayudar mucho en estos momentos, tanto como ofrecer una ayuda concreta. La inconveniencia de recurrir a tópicos también alcanza los ofrecimientos de ayuda. Mensajes como “ya sabes dónde estoy”, “para lo que necesites” y similares, a pesar de sus buenas intenciones, se formulan en un estado casi gaseoso al que la persona que está de luto apenas puede aferrarse.

Ofrecer una cena, un paseo para despejarse o un fin de semana juntos ya incluye las frases anteriores y, además, da pie a que se pueda cumplir a corto plazo. Las frases que buscan el ánimo inmediato son casi de mal gusto, pues pueden interpretarse como una banalización del dolor, algo percibido como meramente pasajero que puede olvidarse rápidamente. El acompañamiento es un sentimiento que conviene expresar más con hechos que con palabras.

Y, de entre todas las cosas importantes que se presentan en estas dolorosas situaciones, una destaca sobre el resto: el adiós. Cuando fallece un ser querido, las distintas ceremonias y actos en su honor no pueden realizarse a la ligera. Son los últimos instantes en los que esa vinculación personal todavía puede sentirse cercana, motivo por el cual la despedida no debe precipitarse lo más mínimo.

Respeto, espacio personal y tiempo. Cada persona marca su propio ritmo para sentir que ha despedido como merece a quien ya no está. Los actos pueden quedarse cortos por lo que la forma en la que cada cual gestione su duelo y tome su tiempo para despedirse deben ser pulcramente respetados. La mejor forma de acompañar el duelo es el respeto, la cercanía y la comprensión.