La felicidad es una decisión que debemos abordar todos los días

— Andrés Corson

El duelo y la muerte para el samurái, el mítico guerrero japonés

Muerte para el samuraiEn el siglo XII surgió en Japón una de las figuras más mitológicas y simbólicas de su historia: los samuráis. Estos míticos guerreros, que vivían bajo un estricto código de honor y eran tan respetados como temidos, seguían ciertos rituales y protocolos que todavía hoy siguen vigentes. Pero, en una figura que durante siglos ha vivido en el filo entre la vida y la muerte, ¿cómo se gestiona un fallecimiento en el seno de su comunidad? ¿Qué percepción hay del duelo y la muerte para el samurái?

El samurái se caracteriza por dominar por igual el plano físico y el psicológico. Era una evolución de los guerreros medievales adaptada a la cultura japonesa. Sus entrenamientos, con una disciplina rígida e inflexible en la que hoy en día se inspiran muchos ejércitos y cuerpos de élite, les convertían en combatientes temibles: dominaban la katana (una espada curvada nipona), los arcos y la hípica, la lucha cuerpo a cuerpo e infinidad de armas y técnicas de combate.

Los samuráis vivían regidos por un código ético llamado bushido (etimológicamente, ‘el camino del guerrero’), que en lo relativo al fallecimiento tenía una máxima fundamental, marcada por el carácter bélico de la época y el entrenamiento guerrero: antes de ser capturado y torturado por el enemigo, valía la pena morir. Aunque fuese de una forma autoinfligida.

El harakiri: la solución al del duelo del samurái

La forma en la que los samurái aceptaban la muerte como una fase más de la vida trasciende el concepto que se tiene habitualmente del fallecimiento como final del camino. Para ellos, la muerte no era el final, sino una fase más: en ocasiones, incluso, la única manera de restablecer el honor para quienes lo habían perdido era practicar el seppuku o harakiri. Es decir, suicidarse según su ritual, con un corte en el vientre.

Para el samurái, el verdadero duelo podía darse en vida: haber cometido algún error, haber fallado a algún miembro de su comunidad, implicaba perder su honor. Y eso se consideraba infinitamente peor que la muerte, que llegado ese punto se contemplaba como la única redención posible.

Las mujeres, que no podían ser consideradas samuráis, tampoco podían aspirar a morir por el rito del seppuku. Para ellas, pese a que podían tomar esa drástica decisión por los mismos motivos que los hombres -como expiación, huida o perdón-, el harakiri no se consideraba como tal, sino un mero suicidio.

Justicia, coraje, benevolencia, respeto y lealtad son algunas de las virtudes del tradicional bushido japonés. Pese a que hoy en día se ve como una reliquia y los samuráis quedan como algo apenas simbólico (el harakiri fue prohibido en 1873 como condena, aunque algunas personas han seguido practicándolo voluntariamente), la persistencia de su alargada sombra todavía hoy es notoria en todas partes.

Cuando el honor vale más que la vida

El duelo y la muerte para el samurái no son un mecanismo al que acudir únicamente en busca del honor perdido. También son un cuerpo alrededor del que orbitan muchas otras facetas de los guerreros: el romanticismo que despierta el bushido visto desde la lejanía, los ríos de tinta y días y días de cintas con literatura e imágenes dedicadas al samurái y, sobre todol el aura de misterio sobre su existencia, supervivencia y rasgos característicos.

Para unos samuráis, el duelo por el fallecimiento de alguien cercano no es tal: esa muerte, si había llegado por sí mismo, podía responder a distintas motivaciones. Pero, sobre todo, a la expiación de pecados y la corrección de errores: algo que solo puede redundar en el bien común.