La felicidad es una decisión que debemos abordar todos los días

— Andrés Corson

Miedo al olvido: cómo mantener el recuerdo de los que ya no están

Es importante que el miedo al olvido quede a un lado para poder recuperar la esperanza tras perder a un ser queridoEl miedo al olvido es uno de los grandes temores de aquellas personas que pierden un ser querido. Cuando ya ha pasado un tiempo desde el fallecimiento y la tristeza comienza a difuminarse, es habitual que surja el pensamiento: qué pasa si al cabo de los meses nos olvidamos por completo de los que ya no están. Su voz, los recuerdos compartidos, los buenos momentos…

Es frecuente que, en las consultas, el miedo al olvido salga a colación. Frases como “pasar página”, “intentar olvidar” y “no pensar en ello”, que con tanta frecuencia se escuchan en tanatorios o se dirigen a personas en procesos de duelo, no son adecuadas para situaciones así. Porque dan a entender que superar el duelo pasa por olvidar, que al final del camino recorrido tras el fallecimiento de una persona cercana el final es el olvido. Y no es así.

Cuando perdemos a una persona querida, el duelo es inevitable. La tristeza por su pérdida, el pesar por la proyección de un futuro sin su presencia, son una fase más de la vida, y un camino que comienza para los que siguen en ella. Pero “no pensar en ello” o “pasar página” nos dirige hacia un olvido que, por mucha tristeza que provoque un fallecimiento, no honra la memoria de una persona a la que se ha querido.

El camino del duelo tiene como fin el que la persona que lo recorre experimente el crecimiento y la transformación que la pérdida de alguien cercano supone. Pero también una realidad igual El miedo al olvido es normal, pero no hay que querer olvidar de importante y necesaria: recuperar la esperanza. No hay que olvidar a los familiares o amigos que nos dejan. No hay que querer olvidarles. Hay que recuperar la esperanza en su ausencia, pensar que seguimos y seguiremos queriendo a esas personas, aunque físicamente ya no estén.

El miedo al olvido debe enfocarse, precisamente, desde una perspectiva opuesta. Aunque haya fallecido una persona, la relación puede mantenerse viva: recordar con cariño las vivencias conjuntas, extraer lecciones pasadas a situaciones que todavía estén por venir y seguir aprendiendo cada día de ese vínculo que, por mucho tiempo que pase, no está condenado a desaparecer.

 

 

Cuando el proceso de duelo llega a su final, y la tristeza ya no es la más recurrente de nuestras emociones, quienes han recorrido ese camino pueden empezar a mirar al futuro con otros ojos. Sintiendo que la relación con los que ya no están es una fuente de energía o guía para seguir adelante.

Miedo al olvido: hay que soltar el dolor

Es posible que, por el miedo al olvido, algunas personas se aferren al duelo. A pensar que en la tristeza se encuentra la forma de honrar a los ausentes, de mantener su recuerdo en la primera línea de nuestros pensamientos. Pero es contraproducente. Recorrer el camino del duelo en compañía, con una relación sincera y cercana, nos ayudará a verlo desde otro punto de vista.

Aferrarse a la tristeza no es la forma de mantener vivo el recuerdo de una persona. Es en el momento en el que se da un paso adelante y se suelta el dolor cuando comienza una nueva etapa de esperanza necesaria para poder gestionar las emociones de una forma más positiva. Sin dolor, el olvido está más lejano. Hacer de la tristeza una constante puede emborronar los buenos recuerdos, por lo que una vez se deje ir la parte negativa del duelo, llegará el momento de mantener viva la relación a partir de los buenos momentos que quedan en la memoria.

El miedo al olvido es algo normal: pensar que cuando pase un tiempo la persona ausente quedará en un segundo plano es un temor recurrente, pero puede evitarse. Buena compañía, ayuda profesional cuando sea necesario y una buena gestión de las emociones son la mejor receta para no dejar que el olvido se apodere de toda una vida de recuerdos.