La felicidad es una decisión que debemos abordar todos los días

— Andrés Corson

La muerte en el budismo: enseñanzas y formas de afrontarla

formas de ver la muerte en una religión como es el budismo

La forma de entender la muerte siempre adquiere un cariz diferente cuando se mira a través del prisma de una relación. Pese a que se trata de una misma realidad, no es lo mismo pensar en el fallecimiento de un ser querido para personas ateas, cristianas o de distintas confesiones. Y el este sentido, la forma de entender la muerte en el budismo es especial por su carácter espiritual y reflexivo.

El budismo es una de las religiones más extendidas en Asia, el continente más poblado del mundo. Cerca de mil millones de personas profesan su fe en esta religión a lo largo y ancho del planeta, lo que implica una manera no solo de entender la existencia de una deidad, sino la traducción mundana de la vida y, sobre todo, la muerte como una parte de ella.

Pese a que la muerte en el budismo es concebida como un sufrimiento, tal y como se explica en una de sus Cuatro Nobles Verdades, su concepción dista mucho de la de religiones más próximas como el cristianismo, y por supuesto de las formas agnóstica y atea de afrontar y vivir un fallecimiento.

A diferencia de como se vive en el hinduismo, que cree en la reencarnación como el resultado de todo lo realizado en vida, el budismo concibe un renacimiento distinto: no se trata de un alma que va ocupando distintos cuerpos cuando llega su muerte física, sino una relación de causas y efectos que hace que se manifieste la existencia previa de otros individuos.

Es decir, el karma no determina en qué nos vamos a convertir tras nuestra muerte en función de cómo nos hayamos comportado en vida. Precisamente la muerte en el budismo se percibe de una manera distinta, como una liberación de todas esas causas y efectos que determinan una existencia perpetua en el hinduismo.

Cómo se afronta la muerte en el budismo

La muerte en el budismo, al igual que otros muchos aspectos de la vida para los seguidores de su credo, tiene un punto de partida fundamental: la meditación. La única forma que se percibe en el budismo de afrontar la muerte, que no es sino una etapa más en nuestro camino vital, supone que nos conozcamos a nosotros mismos tanto que sepamos cómo recorrerlo, pues mirando a nuestro interior sabremos la forma adecuada tanto de vivir como de morir.

Fuera del budismo, lo más habitual es que las personas no estén preparadas para afrontar la muerte. Es complicado prepararse para algo que no sabemos cómo es, que no está planificado, por lo que excepto en contados casos (como cuando el duelo se vive por anticipado) la manera budista de poder vivirlo de forma positiva es prepararnos para ello a un nivel muy profundo.

La meditación y la contemplación proporcionan una paz interior que ayuda en situaciones límite de la vida. Independientemente de si cada uno de sus practicantes contempla el final de la existencia física como el inicio de una nueva vida o no, el estado de abstracción alcanzado permite no solo pensar en ello como un sufrimiento, pues todo en la vida lo es, sino como algo inevitable en una vida en la que todo se transforma y nada permanece.

Un refugio espiritual

La forma de comprender la muerte en el budismo da una muestra de lo que esta religión supone para millones de personas. En contraposición a los valores más extendidos en las sociedades occidentales de hoy en día, el budismo experimenta con mayor naturalidad, pese a la incertidumbre del más allá, la existencia humana y su inevitable final.

Estar más preparado para la muerte, haber allanado el camino por medio de la meditación y la contemplación, no implica desearla. El budismo trata de, por medio de su espiritualidad y rituales de introspección, dotar de un significado a cada existencia. Los dolores y miedos que llegan en las últimas fases de la vida pueden relativizarse como parte de un todo, como realidad innegociable y como parte fundamental de un mismo camino: el de una existencia espiritualmente rica, en la que todo lo superfluo se subordina a un ascetismo voluntario y en la que el fallecimiento se afronta desde un punto de vista constructivo, reflexivo y espiritual.