La felicidad es una decisión que debemos abordar todos los días

— Andrés Corson

Cómo afrontar la muerte de un hijo

Es complicado saber cómo afrontar la muerte de un hijo. Es una de las formas de duelo más dolorosas que pueden experimentarse. Cómo aprender a gestionar un dolor tan inmenso ante la pérdida de una persona nacida de nuestro propio ser empieza como una sucesión de preguntas: cómo es posible que eso ocurra, cómo es posible tanto dolor, qué se puede hacer en esas situaciones…

La primera sensación tras la muerte de un hijo es percibir que todo nuestro mundo se derrumba. Nada de lo que otras personas cercanas puedan decir o hacer servirá como alivio, pues la única solución posible es que el hijo o hija siga presente. No es únicamente la pérdida personal que supone, sino renunciar de golpe a todo lo que se proyecta en un hijo, las ilusiones y expectativas de cara al futuro. Por ello, la idea de no volver a verle puede llegar a parecer insoportable.

Pero, para quienes no sepan cómo afrontar la muerte de un hijo, las experiencias pasadas pueden servir como punto de apoyo y de partida. El duelo por perder a un descendiente es uno de los más acusados, pero no por ello deja de guardar similitudes con la sensación de pérdida que genera cualquier otro fallecimiento. Por ello, más allá de aferrarnos al dolor y prácticamente morirnos en vida y encerrarnos en nuestros sentimientos, lo más conveniente es tratar de traspasar ese abismo de dolor para poder llegar algún día a seguir viviendo.Aunque es difícil saber cómo afrontar la muerte de un hijo, una buena compañía puede ayudar mucho

Lo más complicado a lo que podemos enfrentarnos en este proceso es la tarea de traspasar ese abismo de dolor: es un camino doloroso, lleno de sufrimiento y es de vital importancia entender una máxima imprescindible y tradicional. Solo sintiéndolo se puede sanar un dolor, pues es una señal de conciencia y asimilación.

Mejor en compañía

A la hora de plantearse cómo afrontar la muerte de un hijo, muchos de los consejos genéricos para el duelo pueden aplicarse, incluso en este caso con mayor motivo. Es vital comprender que el camino del luto se recorre mejor en compañía, desde una relación auténtica y sincera con otro ser humano, ya sea un familiar, un amigo muy íntimo o un psicólogo. Eligiendo bien la compañía con la que recorrer ese arduo camino es posible, de hecho, caminar a través de él.

Expresar el dolor en voz alta, dejarlo salir, sintiéndolo sin prisas ni juicios de valor por parte de otras personas: es la única fórmula. Todo ello se basa en la confianza, la sinceridad y la honestidad de la persona con la que compartamos el dolor. Tras la muerte de un hijo hay un antes y un después. La vida no va a ser igual pero se puede seguir viviendo, continúa más allá de la pérdida, por eso es importante elegir bien a las personas con las que compartir la existencia más allá del trauma.

Pese a que muchas personas que lo han vivido aseguran que es un dolor que nunca llega a desaparecer, recorrer el camino de la pena con la compañía adecuada y buscar refugio emocional en una nostalgia no destructiva puede ayudar a paliar el dolor. Perder a un hijo es una situación muy difícil de digerir, pero es obligatorio poder reponerse y seguir adelante con la propia vida.

Esa compañía puede ser una amistad, un familiar o nuestra pareja, pero también existe la opción de recurrir a profesionales. Un psicólogo puede ser de gran ayuda para aprender a ordenar las emociones en momentos tan complicados, así como para afrontar la situación y poder superarlo.